Lev Nikoláievich Tolstói, conocido en español como León Tolstói, nació en Yásnaya Poliana el 9 de septiembre de 1828 y falleció en Astápovo el 20 de noviembre de 1910. Fue un escritor ruso considerado uno de los más importantes de la literatura mundial. Sus dos obras más famosas, «Guerra y paz» y «Ana Karenina», están consideradas como la cúspide del realismo ruso, junto a las obras de Fiódor Dostoyevski. Fue nominado para el Premio Nobel de Literatura todos los años consecutivos de 1902 a 1906 y recibió nominaciones para el Premio Nobel de la Paz en 1901, 1902 y 1910. El hecho de que nunca ganara es una gran controversia en la historia del premio Nobel.

Contexto familiar y primeros años

Tolstói nació en Yásnaya Poliana, la finca que poseía su familia en la Gobernación de Tula, a unos 210 kilómetros al sur de Moscú. Los Tolstói eran una conocida familia de la antigua nobleza rusa. León fue el cuarto de los cinco hijos del conde Nikolái Ilich Tolstói, un veterano de la Guerra Patria de 1812, y la condesa Maríya Tolstaya. Su madre murió antes de que él cumpliera dos años, y su padre falleció en 1837, cuando León tenía nueve años. Su abuela murió once meses después, y luego su siguiente tutora, su tía Aleksandra, en 1841. Tolstói y sus cuatro hermanos fueron transferidos al cuidado de otra tía en Kazán, en el oeste de Rusia. Tolstói mencionaba a una prima que vivía en Yásnaya Poliana, Tatiana Aleksándrovna Yergólskaya, a quien llamaba «Tía Toinette», como la mayor influencia en su infancia. Más tarde, en su adultez, Tolstói le escribió algunas de sus cartas más conmovedoras. A pesar de la constante presencia de la muerte, Tolstói recordaba su infancia en términos idílicos.

Educación y juventud

Educado en casa por tutores, Tolstói se matriculó en la Universidad de Kazán en 1844 como estudiante de lenguas orientales. Su pobre desempeño académico pronto lo obligó a trasladarse a la facultad de derecho, menos exigente, donde escribió una comparación entre «El espíritu de las leyes» del filósofo francés Montesquieu y el «nakaz» (instrucciones para un código legal) de Catalina la Grande. Interesado en la literatura y la ética, se sintió atraído por las obras de los novelistas ingleses Laurence Sterne y Charles Dickens, y particularmente por los escritos del filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, al punto de llevar un medallón con un retrato de este en lugar de una cruz. Sin embargo, pasaba la mayor parte del tiempo bebiendo y jugando. Tras dejar la universidad en 1847 sin obtener un título, Tolstói regresó a Yásnaya Poliana, donde planeaba autoeducarse, administrar sus propiedades y mejorar la situación de sus siervos. A pesar de sus frecuentes propósitos de cambiar de vida, continuó con su vida díscola durante estancias en Tula, Moscú y San Petersburgo, llevando un estilo de vida relajado y sin prisas. Comenzó a escribir durante este período, incluyendo su primera novela «Infancia», un relato ficticio de su propia niñez, que se publicó en 1852.

Servicio militar y experiencia en la guerra de Crimea

Durante este período de su vida, la intención de Tolstói era buscar un empleo o un casamiento conveniente. Acosado por deudas contraídas en el juego, su hermano Nikolái, teniente de artillería, lo instó a ir con él al Cáucaso, en el Valle del Térek. Al llegar a la stanitsa en 1851, Tolstói se desilusionó y se arrepintió de su viaje. Poco después se declaró la Guerra de Crimea (1853-1856). Tolstói no pertenecía al ejército, pero el comandante, príncipe Aleksandr Bariátinski, reparó en él y, tras unos exámenes, Tolstói ingresó a la brigada de artillería como suboficial. Tiempo después consiguió permiso para una cura reumática en las aguas termales de Piatigorsk, donde, aburrido de pasar largas horas encerrado en su habitación, se dedicó a la escritura. El 2 de julio de 1852 terminó «Infancia», y fruto de su estancia escribió «La tala del bosque» y los «Relatos de Sebastopol». Tolstói estuvo en Sebastopol durante el asedio de once meses de la ciudad entre 1854 y 1855. Durante la guerra fue reconocido por su valentía y ascendido a teniente. Poco después, consternado por la cantidad de muertes en la guerra, abandonó el ejército tras el fin del conflicto y se reintegró a la frívola vida de San Petersburgo, sintiendo un gran vacío e inutilidad.

Carrera literaria y pasión por la pedagogía

Tras la guerra de Crimea, Tolstói fue inicialmente aclamado por el mundo literario de San Petersburgo. Pero su vanidad quisquillosa, su negativa a unirse a ningún bando intelectual y su insistencia en su completa independencia pronto le granjearon la antipatía de la intelectualidad radical. Durante toda su vida, seguiría siendo un «arcaísta», opuesto a las tendencias intelectuales predominantes. En 1857 viajó a París y regresó tras haber perdido todo su dinero en el juego. A su regreso a Rusia, decidió que su verdadera vocación era la pedagogía, por lo que organizó en su finca una escuela para niños de los campesinos, recién emancipados de la servidumbre en 1861. Tras recorrer Europa occidental para estudiar la teoría y la práctica pedagógicas, publicó doce números de la revista «Yásnaya Poliana» (1862-1863), en los que se incluyeron sus provocadores artículos. Tolstói describió los principios de las escuelas en su ensayo de 1862 «La escuela en Yásnaya Poliana». Sus experimentos educativos fueron efímeros, en parte debido al acoso de la policía secreta zarista. Sin embargo, la escuela de Yásnaya Poliana puede considerarse el primer ejemplo de una teoría coherente de educación democrática.

Conversión espiritual y anarquismo cristiano

Su experiencia en el ejército y sus dos viajes por Europa en 1857 y 1860-1861 convirtieron a Tolstói de un autor disoluto y privilegiado de la sociedad en un anarquista no violento y espiritual. Durante su visita de 1857 a París, Tolstói presenció una ejecución pública, una experiencia traumática que marcó el resto de su vida. El concepto de Tolstói de no violencia o «ahimsa» se reforzó cuando leyó una versión alemana del Tirukkural. Más tarde habría de inculcar el concepto en Mahatma Gandhi a través de su «Carta a un hindú». Tras completar «Ana Karenina» en 1878, Tolstói cayó en una profunda desesperación existencial, que describe en su «Mi Confesión» (1884). Toda actividad le parecía completamente inútil ante la muerte, y Tolstói, impresionado por la fe de la gente común, recurrió a la religión. Atraído inicialmente por la Iglesia ortodoxa rusa, rápidamente decidió que esta, y todas las demás iglesias cristianas, eran instituciones corruptas que habían falsificado el verdadero cristianismo. Fue excomulgado de la Iglesia ortodoxa rusa en 1901. El cristianismo de Tolstói enfatizaba cinco principios: no enojarse, no codiciar, no hacer juramentos, no resistirse al mal y amar a los enemigos. Dado que los gobiernos recurren a la amenaza de la violencia para imponer sus leyes, Tolstói se convirtió en un pacifista y en una especie de anarquista.

Matrimonio y vida familiar

El 23 de septiembre de 1862, Tolstói se casó con Sofía Andréievna Behrs, dieciséis años menor que él e hija de un médico moscovita. Su familia y amigos la llamaban Sonia. Tuvieron trece hijos, diez de los cuales sobrevivieron a la infancia. Felizmente casado y cómodamente instalado en Yásnaya Poliana, Tolstói alcanzó la cúspide de su creatividad. Dedicó el resto de la década de 1860 a escribir «Guerra y paz». El matrimonio estuvo marcado desde el principio por la pasión sexual y la insensibilidad emocional cuando Tolstói, en vísperas de la boda, le entregó a Sofía sus diarios, donde detallaba su extenso pasado sexual. Aun así, su vida matrimonial temprana fue feliz y le brindó a Tolstói la libertad y el apoyo necesarios para componer sus grandes obras, con Sonia como su secretaria, editora y administradora financiera. Sin embargo, su vida posterior en común ha sido descrita como una de las más infelices de la historia literaria. La relación de Tolstói con su esposa se deterioró a medida que sus creencias se radicalizaban, lo que lo llevó a intentar rechazar la riqueza que había heredado y ganado, incluyendo la renuncia a los derechos de autor de sus obras anteriores.

Últimos años y muerte

Con la notable excepción de su hija Aleksandra, a quien nombró heredera única, la familia de Tolstói se mantuvo distante u hostil a sus enseñanzas. Su esposa resentía especialmente la constante presencia de discípulos en Yásnaya Poliana. Atormentado por su situación familiar y por la contradicción entre su vida y sus principios, en 1910 Tolstói escapó de incógnito de Yásnaya Poliana, acompañado por Aleksandra y su médico. A pesar de su sigilo, la prensa internacional pronto empezó a reportar sus movimientos. Tolstói murió a los pocos días, a la edad de 82 años, a causa de una neumonía en la estación ferroviaria de Astápovo (actualmente llamada Lev Tolstói), después de caer enfermo al abandonar su casa a mediados de invierno. La policía restringió el acceso a su funeral, pero miles de personas se unieron a la procesión. Sus restos mortales yacen en su casa en Yásnaya Poliana.

Ideas, influencia y legado

Adscrito a la corriente realista, Tolstói intentó reflejar fielmente la sociedad en la que vivía. Tuvo una importante influencia en el desarrollo del movimiento anarquista, concretamente como filósofo de la corriente anarquista cristiana y anarcopacifista. El teórico anarquista ruso Piotr Kropotkin lo citó en el artículo «Anarquismo» de la Enciclopedia Británica de 1911. Entusiasta lector del «Ensayo sobre la desobediencia civil» de Henry David Thoreau, su breve intercambio epistolar con Mahatma Gandhi influyó profundamente en el pensamiento de este último sobre el concepto de resistencia no violenta. Tolstói también mantuvo correspondencia con George Bernard Shaw, Rainer Maria Rilke y el zar Nicolás II de Rusia, entre otros. Su epistolario forma un corpus de unas 10 000 cartas conservadas en el Museo Tolstói de Moscú. Fue defensor del esperanto y, tras varias crisis espirituales, se convirtió en una persona profundamente religiosa y altruista. Ha recibido elogios de innumerables escritores y críticos: Virginia Woolf lo llamó «el más grande de todos los novelistas», y Gary Saul Morson se refirió a «Guerra y paz» como la mejor de todas las novelas.