Milton Friedman fue uno de los economistas más influyentes del siglo XX, líder indiscutible de la Escuela de Chicago y artífice del monetarismo como corriente alternativa al keynesianismo dominante. Su pensamiento, basado en la defensa del libre mercado, la limitación del crecimiento de la oferta monetaria y la desconfianza en la intervención estatal, transformó la teoría económica y tuvo un impacto profundo en las políticas públicas de numerosos países. Nacido en Brooklyn en 1912 en el seno de una familia judía humilde, Friedman desarrolló una carrera académica brillante que lo llevó a ser profesor en la Universidad de Chicago desde 1946 hasta 1976, y a recibir el Premio Nobel de Economía en 1976. Su obra, caracterizada por un enfoque empírico y una claridad expositiva poco común, sigue siendo objeto de debate y estudio.
La función de consumo y la renta permanente
Una de las contribuciones fundamentales de Friedman a la economía es su estudio de la función de consumo. A diferencia de John Maynard Keynes, quien sostenía que el consumo de un período dependía exclusivamente del ingreso del mismo período, Friedman postuló que el consumo dependía del ingreso permanente, es decir, del ingreso esperado a largo plazo. Este nuevo enfoque ponía énfasis en las expectativas y proyecciones de los consumidores. Según Friedman, si los consumidores reciben un ingreso imprevisto, tienden a ahorrarlo en lugar de gastarlo inmediatamente, porque lo interpretan como un aumento temporal y no como una mejora permanente de su capacidad adquisitiva. Esta teoría implicaba que los estímulos fiscales del Estado, basados en aumentos transitorios del ingreso, tenían un efecto limitado sobre el consumo agregado. Con el tiempo, sin embargo, diversos estudios empíricos matizaron esta visión, demostrando que los consumidores tienden a ser más cortoplacistas de lo que predecía Friedman: las personas que reciben un beneficio imprevisto suelen gastar una parte significativa de él de forma inmediata.
La demanda de dinero y la teoría cuantitativa
En su explicación de la demanda de dinero, desarrollada en 1956, Friedman planteó que esta es función de múltiples variables: la proporción entre la riqueza humana y no humana, el tipo de interés nominal, la inflación esperada, el nivel de precios real, la función de preferencia del dinero ante otros bienes y, naturalmente, la renta. Pero a diferencia de Keynes, Friedman, más centrado en dar una explicación a largo plazo, consideraba la renta permanente. Es decir, el valor actualizado a fecha presente de los capitales futuros originados a partir de un stock de riqueza dado, que engloba no solo aspectos cuantitativos o materiales sino también expectativas. Esta visión revitalizó la teoría cuantitativa del dinero, sosteniendo que los cambios en la cantidad de dinero afectan principalmente a los precios a largo plazo, mientras que su impacto sobre la producción y el empleo es solo transitorio.
La crítica a la curva de Phillips y la tasa natural de paro
Otro aporte central de Friedman fue su revisión de la curva de Phillips, de inspiración keynesiana, que relacionaba inversamente los niveles de paro e inflación. Friedman introdujo el papel de las expectativas en este modelo y sostuvo que el paro sería voluntario de no ser por la existencia de una tasa de paro natural, conocida como NAIRU (non accelerating inflation rate of unemployment). Esta tasa es consecuencia de las limitaciones impuestas por gobiernos y otras instituciones públicas, como la prohibición de ciertos tipos de contratos o la fijación de salarios mínimos. Según Friedman, cuando un gobierno intenta disminuir el paro por debajo de esa tasa natural mediante políticas monetarias expansivas, a corto plazo puede conseguirlo. Sin embargo, los agentes económicos acaban dándose cuenta de que, con iguales salarios nominales pero mayor inflación, su capacidad adquisitiva se reduce. En la próxima revisión de sus contratos, elevarán sus salarios al alza, lo que incita a un nivel de paro mayor. Así, todo intento sistemático por parte de los gobiernos de reducir el paro por debajo de su tasa natural acaba creando inflación sin resolver el desempleo. Incluso puede haber un punto a partir del cual la curva de Phillips se torne en una curva de pendiente positiva, de modo que paro e incremento de inflación estén ligados. Esto sucedió en las crisis del petróleo de los años setenta, una situación que la teoría keynesiana era incapaz de explicar.
El monetarismo y la política monetaria
Friedman fue el principal impulsor del monetarismo, una corriente que propone resolver los problemas de inflación limitando el crecimiento de la oferta monetaria a una tasa constante y moderada. Sostenía que el crecimiento constante de la oferta monetaria mantendría la economía estable. Según su visión, la política monetaria tiene efectos reales sobre el empleo a corto plazo, pero a largo plazo solo tiene efectos nominales sobre los precios. En su obra «A Monetary History of the United States, 1897-1958», publicada junto a Anna Schwartz en 1963, argumentó que la Gran Depresión fue consecuencia de las políticas equivocadas de la Reserva Federal, que contrajo la oferta monetaria en lugar de expandirla. Décadas después, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra adoptaron su doctrina a finales de los años setenta, pero los resultados fueron decepcionantes: en Estados Unidos y Reino Unido, la oferta monetaria no consiguió impedir recesiones graves. La Reserva Federal adoptó oficialmente objetivos monetarios en 1979, pero los abandonó en 1982 y definitivamente en 1984, cuando la tasa de desempleo superó el diez por ciento.
Libre mercado y libertad individual
En sus obras «Capitalism and Freedom» (1962) y «Free to Choose» (1980), Friedman aseguraba que solo una institución como el mercado podía garantizar la libertad de los individuos. Proponía dejar áreas prioritarias como la educación y la salud en manos de la libre competencia. Propugnó medidas de corte liberal, como el establecimiento del bono educativo para incentivar la demanda educativa según las preferencias de los padres, la flexibilización de precios, las desregulaciones y privatizaciones, los sistemas de pensiones individualizadas, la legalización del consumo de drogas e incluso de la prostitución. Defendió la abolición del servicio militar obligatorio, de los salarios mínimos y del seguro social. Sostenía que la economía de Hong Kong era el mejor ejemplo de capitalismo de laissez faire. Para Friedman, la libertad económica tiende a generarla el capitalismo, mientras que el socialismo intenta imposibilitarla y el estatismo debilitarla.
Propuestas para políticas públicas
Friedman planteó soluciones de mercado a todo tipo de problemas que, en opinión de otros, exigían una intervención estatal extensa. Algunas de sus ideas incluían sustituir las normas sobre contaminación por un sistema de permisos que las empresas pudieran comprar y vender. Otras propuestas, como eliminar los procedimientos de concesión de licencias para los médicos y abolir la Administración de Alimentos y Medicamentos, fueron consideradas estrambóticas incluso por la mayoría de los conservadores. En 1991 afirmó que Colombia no debía seguir pagando el precio de la ineptitud de las leyes norteamericanas en materia de drogas, y consideraba que la legalización transformaría la situación al eliminar el ambiente de crimen y guerras generado por la ilegalidad. En 2003 declaró que el medio ambiente era un problema ampliamente sobrevalorado, argumentando que contaminamos por el simple hecho de respirar y que no se debían cerrar fábricas con el pretexto de eliminar todas las emisiones de dióxido de carbono.
Influencia y controversias
La influencia de Friedman se extendió a la política real. Aconsejó a Ronald Reagan en su campaña presidencial y durante sus dos mandatos, y su pensamiento inspiró las políticas de Margaret Thatcher en Reino Unido. Sin embargo, su colaboración con la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile le valió numerosas críticas. Los «Chicago Boys», economistas chilenos formados por Friedman y Arnoldo Harberger, aplicaron en Chile un programa de shock que incluyó reducción del gasto público, eliminación de políticas sociales y privatizaciones. Los efectos iniciales fueron graves: el PIB cayó un doce por ciento, el desempleo creció hasta el 16,5 por ciento y las exportaciones se redujeron en un cuarenta por ciento. Aunque el sistema se afianzó a partir de 1977, la crisis de 1982 provocó una caída del PIB del 13,6 por ciento y un desempleo en torno al veinte por ciento. Al recibir el Premio Nobel en 1976, Friedman fue criticado por los premios Nobel George Wald, Linus Pauling y Salvador Edward Luria, así como por Gunnar Myrdal, quien argumentó que la entrega del premio debería descontinuarse por considerarse un acto político. Orlando Letelier, crítico de Friedman, fue asesinado en Washington en 1976 por agentes del régimen pinochetista. La periodista Naomi Klein, en su libro «La doctrina del shock», criticó duramente la influencia de Friedman, estableciendo un paralelismo entre sus políticas y los experimentos con electroshock. A pesar de las controversias, el pensamiento de Friedman sigue siendo una referencia ineludible en el debate sobre el papel del Estado y el mercado.